Inmoralidad de la moral

marzo 12, 2010 at 4:41 pm (vehemencia)

Hoy es el primer día de mi vida, de mi yo consciente. Soy un chaval recien nacido y me encuentro pletórico frente al nuevo mundo que se abre ante mí. No he vivido aun ni un dia como persona viviente, fuera del rebaño de la ineptitud y ya he unificado o, como diría Nietzsche, destruído los dos mundos para asentarme en uno real. Pero no he hecho esto como consecuencia del descubrimiento de mi inteligencia, sino como premisa para la vida de mi yo consciente.
He aparcado las más altas perversiones, despojando la religión y la inmoralidad de la moral de m i pecho hambriento de conocimiento. Y aquí me veo, atrapado por lo que popularmente se llama bajeza de la sociedad. Es atrayente, sórdido, perverso e irrefutablemente hipnotizante.
La depravación, la oscuridad, todo aquello que el ser humano despoja, yo lo mamaré de los senos de la vida. Me ahogaré del saber de los malditos y creceré como el don nadie más importante de mi vida. Portaré el estandarte de la sabiduría que el mundo actual se esfuerza por arrojar a la basura.
A penas he abierto los ojos y ya soy el tuerto que reina en un mundo de ciegos que se empeñan en no ver.
Es indignante, trágico me atrevería a afirmar, observar un mundo que se comunica con el único fin de inculturizarse, de verse así mismos como el bufón más famoso de la corte. Es frustrante ver como el coraje ha muerto y como las palabras que las ovejas utilizan para dialogar no son más que cuentos esputados con el único fin de de la aprobación social, del tributo de un hombro en el que llorar.
El ser humano ha muerto por el proceso de humanización al que se ha sometido a los sentimientos, a la verdad.
Este proceso no es otro que el de refutación de la persona, de los instintos. Se ha cometido un crimen. El más terrible de la historia conocible. Se ha asesinado la esencia de la persona. Se ha mutilado lo innato, lo espontáneo y se ha educado al ser humano como se educa a un animal.
Se le ha enseñado como vestirse, como comportarse, como expresarse y como  sentirse ante situaciones externas. Se ha mecanizado la vida. Se ha destruido el corazón y sustituido por un computador. Se ha esclavizado el alma, el yo.
Y ante tales acontecimientos aquí me veo, dispuesto a golpear con la rabia animal que mi condición de recién nacido, de puro y no domesticado me confiere. Quiero romper la cadena que convierte a la persona en una oveja. Y he de apuñalar para ello el nocivo despropósito de la vida basada en la racionalidad del engaño.

Permalink Dejar un comentario

Ventana a los sueños

febrero 28, 2010 at 3:02 pm (vehemencia)

Era un martes lluvioso de otoño, el mes… ni lo recuerdo, pero como olvidar el resto de sucesos. Yo estaba sentado justo delante de la ventana, observaba como cada gota de lluvia caía mojando a los pobres o, quién sabe, felices transeuntes. Me encantaba eso, poder arroparme con mi viejo edredón, una botella de refresco a un lado y palomitas sobre mis piernas, mirando a través del cristal como si se tratase de una película en la que cada persona encarna un papel importante durante unos instantes, hasta perderse entre los edificios, en la distancia.

Mis ojos se posaban en cada uno de ellos, sentía multitud de cosas por esa gente, analizaba sus gestos, su forma de andar, los odiaba, los quería. Pero como en toda película hay un papel principal y, en este caso, se lo llevo una mujer. Su piel era pálida y sus gestos delicados. Tenía el pelo moreno y ojos grises, aunque por sus facciones podía adivinarse que el tono real de su iris era el de la miel, iba perfecto con su rostro, puro y bien tallado. Parecía perdida, miraba hacia un lado y hacia otro como si no supiese hacia donde debía andar. Yo, por mi parte, dejé volar la imaginación y pensé en la multitud de ideas que podrían transcurrir en estos instantes por su cabeza, el cúmulo de emociones. Pensaba en que esa chica buscaba una razón para vivir, un por qué a su desesperanza, esa que escondía tras su perenne sonrisa, imaginé que me buscaba y quería creer que alzaría su rostro y me miraría, sabría que yo era para ella, y que pronto el timbre que hay sobre el dintel me sobresaltaría con tan grata noticia. Yo abriría la puerta y nuestros ojos se encontrarían para quedar fijos, mirandose hacia el infinito, conociendose, y entonces, sin razón aparente nos abrazariamos, anudandonos tan fuerte que ni la misma muerte podría separarnos. Los labios estarían húmedos debido a los besos, las mejillas sonrojadas y nuestros corazones en carne viva. En ese momento el día se escondería y lo encontraríamos entre las sabanas, minuto tras minuto para toda la vida.

Abrí los ojos y vislumbré la realidad. Como todo guión improvisado el final dista de las espectativas. Bien es cierto que la chica alzó su rostro, me miró e incluso sonrió, como si supiese que estaba ahí y era para ella. Sus mejillas se sonrojaron y su risa me enamoró a pesar de que su sonido no atravesase el cristal de mi ventana. Diría que fue un momento onírico, irrepetible. Pero entonces la sonrisa de la joven se apago, se marchitó y su cabeza se dirigió hacia el suelo. Yo quería saltar, ir a por ella. Pero la joven estaba escribiendo su propio guión, y quien sabe, quizás nuestras miradas no se cruzarán más, pero nunca olvidaré como la vi desaparecer entre la bruma, con sus andares de ninfa mientras mi corazón se consumía por una perdida que no comprendía.

Permalink Dejar un comentario

Ave Fénix

febrero 25, 2010 at 3:27 pm (vehemencia)

Ahí estaba ella, con sus mejillas de tono pálido como el mármol. Parecían haber sido perfiladas por el cincel de un escultor griego por sus perfectas medidas. La luna se posaba sobre su rostro y todos los haces de luz que provenían de ésta giraban en torno a la muchacha, creaban un aura de perfección y sofisticación inusitado. La noche era realmente bella y ella la alumbraba con su delicadeza, caminaba firmemente entre las alamedas y a su paso la vegetación parecía florecer. Yo la miraba ilusionado desde la lejanía, quería tocarla, abrazarla pero su cuerpo estaba demasiado lejos, a universos de distancia de mi, y sin embargo cada noche podía ver esos labios que me invitaban a soñar y esos ojos melosos que alumbraban las ilusiones de mi vida. Era enternecedor, mágico. Un ángel terrenal que me enamoraba día tras día y noche tras noche, ni siquiera necesitaba una palabra.

El tiempo pasaba y ella cada vez estaba más lejos de mi pero cuando llegaba la noche nada importaba, la volvía a ver. Solo tenía que cerrar mis párpados e imaginar con un mundo feliz y ahí estaba, quemando mis entrañas, desintegrando mi alma y haciéndome aullar de dolor cuando mi onírica historia se apagaba. Ahí estaba ella, siempre. Antes y después, la mujer que hizo de mi amor un ave fénix, que cuando arde hasta consumirse renace como un polluelo exaltado por volver a admirar a quien le hizo rejuvenecer.

Permalink 1 Comentario

San Valentín

febrero 15, 2010 at 2:52 am (vehemencia)

Yo, como buen romántico odio San Valentín. Es el día que le pusieron precio al amor.

Permalink Dejar un comentario

Paseando bajo la nieve

febrero 12, 2010 at 6:56 pm (vehemencia)

El día estaba nublado y los copos de nieve caían lentamente sobre los frondosos árboles que poblaban la ciudad. Aún el blanco no había cuajado pero no tardaría en hacerlo. Yo, aún medio dormido a horas tan impropias, me asomé por el pequeño ventanal del salón y contemplé el día, temeroso de que la magia que emanaba de esos granos pálidos se detuviese. Fue entonces cuando me enfunde mi jersey oscuro, colocado sobre mi pecular pijama, el cual constaba de un vaquero de tono azul y una de mis muchas camisetas blancas. Agarré mi sombrero y el resto de prendas que abrigarían mi cuerpo ante el viento invernal. Una vez listo, encendí mi pequeño reproductor, sonaba Piazzolla, todo funcionaba. Atravesé la puerta e instantes después la nieve se posaba sobre mí, el frío cortaba mi cara y la pequeña pero espesa barba que despuntaba se agradecía de sobremanera.
La duda me invadía, ¿Abrir o no abrir mi paraguas? La razón habría dicho si de forma irrefutable, pero en mi no mora la razón, no almenos cuando de mis emociones hablamos.
Poco a poco mi oscura ropa fue tornándose bicolor. Justo del tono en que observaríamos un arcoíris en una hermosa y romántica película de los años veinte. El resto de transeuntes me observaban con rostro crítico, sus ojos de incomprensión parecían escrutarme, quizás debido a mi sombrero de ganster o quizás por llevar el paraguas cerrado ante semejante nevada. Fuera como fuese he de admitir que dicha acción me llenaba de confort. Y es que todos en algún momento de nuestras vidas hemos deseado sentir como estos entes cristalinos se hacen agua ante el contacto de nuestra piel, por obra de nuestro calor corporal; y eso es lo que yo hacía, simplemente reclamar mis deseos de juventud y sentirme participe de esa magia que la madurez parece extinguir.
Mis pasos continuaron haciendo camino entre la alfombra que poco a poco empezaba a formarse, sintiéndome feliz, un modelo de juventud inmortal cuando a mis agonizantes veintidós años ya empezaban a nacer las primeras arrugas.
Pasan los minutos y me encuentro ante la puerta de mi cafetería favorita, la tarde no hace más que mejorar, me siento en una pequeña mesa con dos sillas, una para mí y otra para mis atuendos. El café no tarda en llegar, lo saboreo y cojo mi teléfono dispuesto a contar mi especial vivencia a una persona con la que disfruto relatando, pero a veces es mejor no contar, dejarlo pasar, y que siga fluyendo la magia de forma singular. Guardo mi teléfono y comienzo a escribir, a dejar que la magia ya mencionada fluya en forma de tinta. Solo yo y mi libreta.

Permalink 1 Comentario

hipocresía

febrero 8, 2010 at 5:26 am (vehemencia)

Todo seguía como siempre y, por supuesto, seguirá. Sociedad decadente de inteligencia vaga. Indiscutible incultura que rodea el mundillo modernista que pulula por doquier. Arte contemporaneo surgido en la taza del baño y literatura inspirada en la letrina del más mugriento bar. Así podría considerarse el panorama actual, así podría definir la vida que acontece en el gran siglo XXI. Aquel que cambiará el mundo y cuya tecnología asentará las bases de la estupidez del futuro. Esa es por supuesto mi visión, quizás equivocada o quizás certera; y yo, por supuesto, apostaría más por la veracidad de mis palabras.

La esencia del ser humano se ha perdido, se ha idiotizado. La globalización, las leyes y, en definitiva, la sociedad, erradican la propiedad del yo para embarcarnos en un paseo plural. Y es que ya hay suficiente comparsa en una taza de café, claro está que la buena compañía es siempre placentera pero que ofrecer a tan distinguidos personajes que revolotean en torno a nuestra vida sino hay conciencia de lo que somos, de lo que aspiramos, de lo que ansiamos con pasión. Se ha cometido el más terrible asesinato, se han matado las emociones y se están suplantando con el engaño y la mentira. Convenciendo a los niños de que pensar en uno mismo es un acto de egolatría y de narcisismo, y esto por supuesto es una actitud impropia de un pequeño caballero. Oh dios, cuanta hipocresía, criamos señoritos con lujos y atropeyos hasta el punto de invertir en una bolsa de disgustos, abonando la semilla de una enfermedad que a posteriori nos comerá, nos devorará.

En cualquier otra época el ser poco inteligente, menos dotado por así decirlo se suplía con trabajo duro y, sin embargo, ahora en nuestro actual pasaje de frivolidad ¿qué encontramos? Tan solo dinero gastado en fracaso escolar y padres que llevan a sus hijos a psicólogos comprando un parte médico que sin duda hará de ellos víctimas de la sociedad. Esto último no está muy lejos de la realidad, pero si mal enfocado por supuesto. ¿Por qué son víctimas? Porque nuestro mundo, ese que nosotros consideramos el top uno, miente a todo lo que puede levantar el brazo hacia su débil estructura basada en la arquitectura del engaño, haciendo ver a estos jóvenes “genios” que su problema radica en que son demasiado buenos, les engañan a sabiendas de lo que hacen, creando una sensación de equivalencia entre todo el mundo que camina por estas tierras. Sin embargo la respuesta a este asesinato de la moral no es otro que alzarse y decir la verdad. Los pocos dotados deben ser conscientes de su problema y levantarse por su propio esfuerzo.

Pero que bonito es hablar desde el sillón mientras se agarra con la diestra la vara de mando. Se pierden las raíces y por ende se pierde todo lo que somos. El amor por uno mismo es necesario, debe ser el motor que guíe nuestra vida porque de no ser así ¿quién sino va a amarnos? Gracias al amor propio uno llega a interesarse por su historia, por su memoria, haciendo que el pasado se una al presente. Dando la validez a la sabiduría ancestral que los ancianos merecen y que actualmente son enjaulados en edificios para no ser vistos jamás. ¿Pero quien se va a interesar por esto? La vida es genial y recordar el pasado nos va a robar tiempo dirán algunos. ¿Tiempo de qué? de mirarnos los genitales quizás, o tal vez nos robe el tiempo que podríamos gastar de forma placentera en mirar con cara de subnormales como la gente se insulta en televisión. ¡Qué emocionante! Fabricamos basura que se amontona mientras el saber que nos enriquecería como personas lo aparcamos en contenedores de humanos. Nos llenamos la boca hablando sobre una sociedad civilizada, y sin embargo yo no puedo ver más que la gran capacidad que tenemos para incivilizarnos a nosotros y a todos los pueblos que hemos dominado. Destruyendo sus mundos y asestando duros golpes a culturas que jamás conoceremos. Todos estos a los que nosotros llamamos salvajes o gentuza que vive en ‘guettos’ responde hacia su sangre, y hacia las raíces de forma mucho más memorable, dando a los años el lugar que corresponde.

Por todo esto no puedo más que decir que el gran siglo XXI no nos lleva hacia las estrellas sino más bien al sótano que hay en la trastienda

Permalink Dejar un comentario

Oh cuerpo mío

febrero 4, 2010 at 3:09 am (vehemencia)

Oh, cuerpo mío, infecto en pie te mantienes
no flaqueas, ni desfalleces.
Los gusanos no moran tu mustia piel
y sin embargo la pudredumbre te sostiene
tus cicatrices te definen, te revelan
y luz pecadora emana de tus ojos
estallido de ponzoña tus labios exclaman
y el estupor de tu inocencia a dios acongoja.
Oh, cuerpo mío, que poroso has quedado.
Que degradado has.
Oh, cuerpo mío, portador de miseria eres
y cuán infierno has provocado.

Permalink 2 comentarios

Ensoñación

febrero 4, 2010 at 1:58 am (vehemencia)

Fulgor diurno cruza la inmensidad
y polvo de estrellas crea una figura cristalina.
Reluce y destellea. Ilumina y esclarece.
Sonríe y encandila pero no deslumbra.
Las olas se acompasan, bailan ante su presencia,
tan liviana, tan eterea…
La figura se mece, los grillos cantan
y el viento acompaña con silbidos virtuosos.
Sus mejillas sonrojadas, las fibras de su pecho
caliente y latente. Ella como diamante de sangre
folclore de leyenda amanece día tras día.

Permalink Dejar un comentario

puñalada

febrero 3, 2010 at 4:02 pm (amigos, vehemencia)

El caos volvió a su cabeza. Dominándolo como ya lo hubiera hecho unos meses atrás.

El odio le invadía y su furia se canalizaba a través de sus erráticos movimientos. Su pelo se agitaba sin ningún control, merced de su cuello, que se balanceaba víctima de convulsiones espontáneas.

Se sentía acosado, como si alguien le observara dentro de su habitación, y las paredes parecían temblar. En ese momento, ya sumido en la paranoia se dirigió a su estantería, caminando hacia un afilado cuchillo que parecía llamarle, seducirle. Decidido lo empuñó. Deseaba descargar su rabia, su furia. Entonces sonó la puerta, el pomo se giró y vió un rostro conocido. Se trataba de David. La visión de su amigo pareció relajarle. La calma volvió a su rostro y los molestos ticks se esfumaron dejando paso a una sosegada sonrisa. Le invitó a pasar mientras sus labios se curvaban hasta alcanzar una nueva expresión. Fue ese momento en el que sin dudar alzó sus brazos dispuesto a abrazarle. Cuando sus manos llegaron a la espalda realizó un nuevo movimiento. Pero este a diferencia del anterior fue algo inesperado. El cuchillo que portaba penetró de forma salvaje en la espalda de David. La sangre brotaba mientras este en su último suspiro recitó una frase de Oscar Wilde:

“Los verdaderos amigos te apuñalan de frente.”

- Disculpa, tienes razón. -Señaló el joven colérico mientras guiaba el cuchillo hasta el corazón de su compañero.

Permalink Dejar un comentario

Último baile

febrero 3, 2010 at 3:09 am (vehemencia)

Se apaga la luz y se encienden las estrellas. Mi alma arde, se consume mientras admiro el oscuro horizonte, el cual tras unas horas se volverá de tono anaranjado. Camino bajo la lluvia, las finas gotas mojan mi pelo, humedecen mi cara. Degusto el sabor de las nubes, dejando que mi lengua se deslice por mis labios y observo mi reflejo en cada charco, es interesante verse en tono gris, como si de una película de cine negro se tratara. Soy el actor principal de un reparto singular. La banda sonora de mi vida fluye por mis oídos y no puedo evitar sonreír.

Hay algo melancólico y bello a la vez en un paseo solitario, una cita con tu propio yo, y aquí frente a mi, conociéndome, analizándome. Mi película me gusta, tiene sobre saltos, una banda sonora que apasiona, y sobre todo emociones y sensaciones escritas en un guión creado sobre la marcha, de forma espontanea. Y tan solo espero que mi final alternativo sea un baile con un fondo de color pastel.

Permalink Dejar un comentario

Misantropía interna

febrero 2, 2010 at 7:12 am (vehemencia)

Egolatría. Así podría definirse mi vida, o al menos, la que todos conocen. Narcisismo, siempre tan buen compañero de viaje de la vanidad que me rodea. Hoy no se ven estrellas, las gotas de lluvia que suelen acompañar mis relatos no pegan sobre mi ventana. Ni siquiera la luna está llena, ni radiante y las persianas están echadas. La poesía esta en un segundo lugar y mi juicio está alterado. Siempre me ha dado miedo volar, sin embargo hoy, quizás influido por una película de guión sencillo, me apetece coger un avión. Tengo necesidad de cometer algo arriesgado, impulsivo. Quizás sacar un par de billetes al lugar menos conocido de la tierra. Bonito y melancólico, donde el populacho y el gentío no reviente la paz y la armonía, en resumen, que no lo jodan. Busco tranquilidad, refugiarme de mi, de lo que me rodea, de mi coraza, de mi modo de vida que me asquea, que me explota y que hace que en ciertos momentos sienta repulsión.

Quiero dejar a un lado toda esta basura que me condiciona, quiero olvidarme de todos, quemar mis fotos y borrar mi pasado. Quiero crearme un presente, sin futuro. No quiero un mañana, ni siquiera un luego. Quiero volar, flotar. Tener la oportunidad de mirarme a mi mismo, de escrutarme. Quiero saber la verdad sobre mi yo. ¿Quién soy? Podría decir mi nombre, mi sexo, mi edad. Podría contar mis anécdotas, mis historias. Podría alumbrar con mi inteligencia, incluso podría relatar lo que un día quise ser, pero de seguro que no podría responder a la pregunta, ni siquiera podría afirmar quien quiero ser actualmente.

La ironía se ríe de mi. ¿Tocar, tal vez escribir? Sé cuanto me gusta de mi, conozco milímetro a milímetro todo lo que fluye por mi cabeza, pero las mascaras pesan. Y es que cuando te acostumbras a un postizo que ensalza tu figura, que te hace dominador, amo y señor cuesta mirarse al espejo sin él y reconocerte. Mis amigos dudo que me conozcan y eso hace preguntarme, ¿realmente quién soy? Porque claro, si lo que nos rodea es lo que nos enriquece como personas, ¿Querrá decir esto que me veo enriquecido por la mentira? O aún peor, ¿Querrá decir que no soy persona? Quizás sea un hipócrita que se lamenta en unas lineas de un procesador de textos mientras brinda sonrisas por doquier, esperando que un alma caritativa me arranque esta doble personalidad. Que me convenza de que no soy un sucio embustero que sonríe entre dientes y, condescendiente, realiza payasadas para que los que son sus “amigos” rían y lloren.

Y esa es otra, siempre he sido un payaso, un bufón. La vida es un circo y yo escogí no el papel de domador, ni el de trapecista, sino el de ese tipo que se pinta la cara y se coloca una peluca. Todo esto es metafórico, obviamente. Ya que ha excepción de unos cuantos años en los que me disfracé para carnavales, nunca me he vestido como tal. Pero bueno, a riesgo de equivocarme, confiaré en la inteligencia del lector, me permitiré ironizar, y en definitiva decir las cosas como me salga de los huevos. Pero bueno, volviendo a lo que comentaba sobre esas pinturas imaginarías que han cubierto mi cara. Las que en tan pocos episodios han recibido la visita de esas toallitas tan femeninas de desmaquillaje. El sarcasmo forma parte de mi vida, y puedo asegurar que lo manejo como nadie. Soy un bufón inteligente, de chistes estúpidos, a veces simples y otros complejos. Sonrisas sinceras, o al menos eso creo. Pero claro, ya no sé que creer. Después de haber sido marginado, y rechazado socialmente acabé por terminar siendo un hijo de puta que hace reír a las personas, y he aquí una muestra de mi sarcasmo, incluso para mi, ¡Viva yo! Gritaría al viento de estar conversando con un colega o con un desconocido. Y volvemos a lo de antes, mi egolatría, la cual se ha convertido en mi método de no vivir. Toda la parafernalia de mi vida cotidiana en cuanto a gente que no me conoce ronda a ésta. La que embriaga la máscara que llevo y la cual goza de más minutos al aire libre que mi rostro. Quizás sea por esto por lo que mi cara siempre se ha visto tan pálida.

Hasta la polla podría decirse que estoy de mí, de mi pesar, de ese aire cargado que se respira a mi alrededor, y no es que el aire de esta bohemia -¿guiño, guiño?- ciudad emane un estupor que tira para atrás sino que el hecho de no saber ni que cojones quiero hacer me esta obstruyendo los pulmones. En definitiva, que quiero comprarme esos puñeteros billetes e invitar a cualquiera que pueda quitarme la nariz y llenarme la copa con buen whisky. Eso si, como sirva el whisky de la forma inapropiada ya puede tener experiencia en clamar por su vida.

Y bueno, podría seguir. Ahora arremetiendo contra esta sociedad que tanto me asquea, pero sería quitarme material para otras futuras páginas y si algo he aprendido en la carrera es a optimizar.

Permalink 3 comentarios

Perro viejo

enero 30, 2010 at 9:39 pm (musica, vehemencia)

Hace ya muchos, muchos años que escucho a este grupo. Tendría entonces 17 añitos, lo que me quedaba por vivir, ahora rondo los 23, dos meses aproximadamente. Me hago viejo y me encanta. Esas arrugas que comienzan a marcarse en mi frente, la barba que recorre sutilmente mi cara, excepto cuando en semanas de vagancia descontrolada acaba haciendo mi cara unos centímetros mas ancha. Envejecer… Gracias a eso he descubierto tantas cosas, podría contar los años que están asesinando mi juventud con infinidad de emociones vividas… Y sinceramente, cada día me siento más libre. A este paso voy a ser un viejo con una vitalidad brutal y es que como ya hablé con un amigo, los perros por mucho que pasen los años siempre ladran.

Permalink Dejar un comentario

Oda a mi reloj de bolsillo

enero 29, 2010 at 1:40 pm (vehemencia)

Mi tesoro, tú, mi regalo. Carisma irrefutable que te posas día tras día en el bolsillo de mi pantalón. Reluciente circunferencia con lujosas portezuelas. Obra de ingeniería bañada en plata que alumbra mi desorientada percepción con su sabiduría sobre el mito de Cronos. Portador del éxito. Te adoro, te idolatro. Como decir que mi mano se muere por rozar la rueda de la vida que sobre tu pecho se posaría de ser mortal. Me encandila tu elegancia, tu rechinar, sin olvidar esa cadena trenzada que se sitúa en la parte más alta de tu ser.
Tu que me haces sentir un ganador con tu sola presencia. Como agradecerte tu fidelidad y tu precisión sin caer en el vulgar pecado de la comparación. Mostrarte es mi acto favorito de vanidad y observar así tu belleza reflejada en los ojos de los demás.

Permalink Dejar un comentario

Perro callejero

enero 24, 2010 at 9:03 pm (vehemencia)

A poder ser, pediría que si alguien lee esto, lo hiciera mientras suena la canción que pongo abajo. Un saludo!

Humo, whisky, blues… Lo tengo todo nena y sin embargo siento que me faltas tú. Siento decirte que esta historia se acaba y es que nena jamás fui de los que esperan y como te dije con anterioridad, a mi lado nunca estás tú. No creas que es fácil para mi, ni siquiera sé si soy cabal pero esta canción llega a su final y en él nena, no estarás tú.
El whisky corre por mi boca y mis pulmones se ahogan con cada calada. Es tan fácil despedirme de ti que no sé como decirte, oh nena, que no habrá otra como tú.
Tú… tú… y es que nena, a mis labios quedó vedado tu nombre y todo lo que me queda para dirigirme a ti es un pronombre personal.
Vamos nena, no me dejes reir el último, por favor. Y es que no sé lo que digo, pero me suena tan extraño y romántico. Me despido de una vida de ambigüedad y paciente espera. Y es que tú, tú, tú me has encantado. Perro callejero que echó raíces en favor de una mujer que respondía con evasivas a mis ladridos y nena, esa eras tú.
Niña atame y no sueltes mi collar porque dudo que pueda alimentar esto que siento allá donde no estés tú. Pero que voy a hacer si hasta mis pulgas me piden más ritmo, y es que siempre fui un can de acción… Esta en mi naturaleza ladrar a la luna y nena, estoy dormido, drogado por tu amor.
No me permitas romper con todo y saltar a otra canción porque nena, en otro blues no habrá un riff como tú.
Por favor, guarda silencio y baila. Es una noche tan hermosa para un adios y nena, te he gozado tan poco… Dejame verte bailar. Permite que tus piernas sigan el compás.
Oh nena, quiero aullar y es que siempre fuí un can de acción. Ven y besame. Quisiera sentir como nuestro paladar hace el amor y ya me ves, solo me queda un whisky para percibir sabor.
Oh nena, vamos ven, no me hagas llorar que soy perro callejero y me estoy dejando domesticar. ¿O es qué acaso te haría feliz ver como el resto se ríe de mí? Vamos nena, no te hagas de rogar que tu ya sabes que soy un perro sin igual.
Quiero despedirte y ya me ves, rogando por tu amor y es que esté blues está en “mode repeat”, y es que nena mi blues favorito eres tú.

Permalink 1 Comentario

fugacidad

enero 19, 2010 at 3:09 pm (Generacion x, vehemencia)

Bueno, he reciclado esto de un blog que tuve hace ya varios años, en lacoctelera. Data de 2007 así que bueno, ahí va.

La vida y su fugacidad… ¿Hay algo más existencial?, me encuentro ebrio entre preguntas sin respuesta. Vida… muerte… ¿existe algo más cotidiano que vivir?. Si, morir.
¿Qué es vivir? Una serie de actividades controladas por un cerebro y motorizadas por el corazón ¿Es esta la definición de vida? yo creo que no.
En mi vulgar y fatídica opinión, vivir es algo más, algo que se sitúa más allá del bien y del mal, más allá aún de cualquier acto racional, ¿o es qué guiarse por el corazón en pleno acto de irraciocinio es estar muerto? ¡¡¡Por dios que no!!!. Que bella puede ser la vida, y a la vez que terrible castigo puede ser vivir.
Y ahora te pregunto a ti ¿Qué es vivir?; No es acaso… ¿Disfrutar de pequeños momentos?, ¿ver como los labios de un amigo, o la persona a la que quieres se arquean para terminar en una breve pero intensa sonrisa?, ¿cocinar en buena compañía, mientras compartís algo más que unos simples alimentos?, ¿abrazar y ser abrazado?, ¿amar y ser amado?.
Así pues… ¿la vida acaba con la muerte? ¿o la muerte tiene importantes limitaciones?. Siempre escuche que algo permanece vivo mientras no se olvida. Sé que cuando yo perezca caeré en el olvido, y moriré para siempre, pero también sé que mi legado jamás morirá.
Hoy me debato entre la fugacidad de la vida, lo rápido que pasa cuando algo es bello y hermoso. Piensas que será eterno… para siempre… y sin embargo no es así, o al menos no en todas las ocasiones que debiera.
A mis oídos llega en el almuerzo que un “pariente” ha muerto, tuvo una buena muerte -mientras dormía- extrañamente no me provoca un fuerte dolor, casi siento indiferencia, pero hay algo que profundiza en mi. La ya remarcada fugacidad…
En estos días próximos al tres de febrero, no puedo evitar que la idea de la muerte embriague mi mente -quienes me conocen saben que pasó ese día-.
Que fragilidad palpo en el ambiente, que serenidad… ¿es esto la magia de la vida, o la antesala de la muerte?. Me dejo guiar por mis instintos, por mis sentimientos y como ya dije anteriormente mi racionalidad queda casi anulada -algo bastante curioso y cotidiano a la vez pues mi mente nunca deja de pensar, pero siempre acaba perdiendo ante los impulsos de mi corazón-.
¿Qué hacer cuando te sientes ebrio de un sentimiento superior? Luchar con toda la filosofía de mi alma. Podréis pensar que mi cabeza es un pozo de pensamientos que me condenan a una vida encadenada a lo existencial, a lo sentimental, al paso del tiempo, y quizá sea así. Pero ¿que hay de enfermizo en combatir por una causa pérdida para muchos pero no para ti? ,¿que hay de incomprensible en la idea de creer en lo increíble?.
Que triste es todo, la vida escapa de nuestras manos mientras lloramos, mientras reímos, mientras pensamos, mientras escribimos… Cada segundo perdido es un segundo de vida que no disfrutaremos, y no hay nada que me llene más de melancolía que ver una juventud decadente, sin sueños, y sin ideales. Siempre diré la misma frase, y no me cansaré de ella: “si no luchas por lo que quieres, jamás lucharas por nada”.
La fuerza no reside en el apoyo, ni en la mente, sino en el corazón. Al igual que la fugacidad de la vida no reside en la muerte, sino en el olvido.

Permalink Dejar un comentario

Next page »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.