Lugares comunes

enero 18, 2011 at 7:24 am (vehemencia)

Amasa si quieres mi cuerpo,
sin piedad.
Hazlo como quieras
porque ya me has quitado el sueño
con tu mirada de pervertida;
y dicen que hay democracia…
Yo elegí no verte y estás aquí,
otra vez.
Clavando tus uñas de arpía.
Hace tanto calor aquí… querida.
Ya ni dueles, solo me enervas
mirando como si todo esto
no fuese contigo. Pero si va,
siempre fue. Porque siempre llegas
embistiendo con tu sonrisa de puta
y ahora me dices que has cambiado,
que solo quieres dormir conmigo
y follar hasta que se rompa la cama,
que esto es amor.
Está bien Selín; entra,
y si te marchas deja el cuchillo
en lugares comunes,
para cuando vuelvas.
Sabes que nunca tuve buena memoria.

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Ven

enero 3, 2011 at 8:30 pm (vehemencia)

Ven aquí para no marchar nunca,
para quedarte petrificada
con los ojos fijos mirando al infinito.
Ven aquí, jamás volveré a repetirlo,
no volveré a plegarme entre tus caricias
más que esta noche de crepúsculo infinito.
Solo esta noche de sombras encorvadas.
Y me iré. Te dejaré para siempre,
no te salvaré,
ni te voy a arrojar a un cementerio blanco,
blanco como tus mejillas que
hace tiempo despojaron el rojo de tu pecho.
No te ayudaré a vivir una vez más,
ven y abraza la oscuridad pausada
que nace de este pecho tuyo y mio
que heriste con tus ojos,
con esa faca de felina
mientras tu sombra se proyectaba
en el vacío ilimitado,
y el sonido seco de tus pisadas
se perdían en el tiempo incalculable.
Ven, ven solo esta noche morena
y di adiós como tú y yo siempre hemos pintado
en los charcos del cielo.
Ven, y no te salves,
no te mates ni me mates,
tampoco escondas las jeringas
con las que haces lunares en tus venas de cristal.
Ven y quedate helada con el plañir de mis dedos
y cuando la luna se esconda muerete para siempre,
con tus ojos de niña mirando fijo el agujero de mi cuerpo.

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polvo en el agua

agosto 13, 2010 at 1:02 pm (vehemencia)

Estoy ahorcado en mis recuerdos,
con las venas llenas de piedras
que queman y funden mis pestañas,
la ceniza entre mis dedos desnudos
se escapa hacia la nube
y la playa está vacía,
la arena en carne viva,
y las olas en los huesos
con la espuma hecha jirones,
no hay caballos ni jinetes,
la playa está desierta,
porque solo queda polvo
en la humedad de un mar mojado

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mañana es hoy

abril 30, 2010 at 12:54 am (general, vehemencia)

Nunca supe silbar
y nunca es demasiado tiempo
si se trata de la boca de un niño,
la cosa varía si se pierde la inocencia;
hace mucho tiempo fui joven, soñador y atrevido
y hace mucho tiempo es un suspiro
si la madurez asoma sobre las cejas.
En un futuro será…
y el futuro es hoy
si se trata de devolver las hadas
a los jardines de nuestra imaginación

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jamás es demasiado tiempo

abril 29, 2010 at 1:08 am (general, vehemencia)

Siempre he pensado en ti,
tu lo sabes.
He jugado con cuchillas
que bien valen un roce de tus labios
y he pronunciado tu nombre hasta la locura,
no sabría decir si eres hombre o mujer,
pero bien sé que tu magia
no proviene de un pronombre personal,
ni tampoco de tu edad milenaria
sino de tu amor incondicional,
no importa cuanto te haya evitado,
tampoco las veces que utilice tu nombre en vano,
tu siempre has estado ahí
seduciendome con tu aliento frío
y con tus dulces frases de cortejo.
Y yo tanto te he mentido a sabiendas,
afirmando que mi alma jamás te pertenecería.
Al final tengo que darte la razón
y ofrecerte mis mejillas sonrojadas
a cambio de un billete hacia un lugar donde no late el corazón

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sentidos

abril 26, 2010 at 4:19 am (general, vehemencia)

Puedo escuchar el sonido chirriante
de un columpio que se mece en la madrugada,
y sueño despierto que eres tú
la que corta el viento sobre él.
Observo el cielo estrellado
e imagino que has sido tú
la que entre los vapores de la noche
ha tejido el manto de tul
que se posa sobre mi cabeza.
Huelo el aroma de las azucenas
que próximas a mi banco solitario me embriagan
transportándome a la fragancia de tu piel.
Degusto con mi lengua el rocío de la alborada,
y me miento afirmando que son las lágrimas
de tus ojos café.
Mi dedos se excitan con el tacto frío de la piedra
e ilusionado fantaseo que bajo el tono gris
de la doncella esculpida frente a mí te encuentras tú,
ansiando que mis cincos sentidos se fundan
en un abrazo que devuelva el calor a tu corazón,
y mi banco no vuelva a estar vacío,
que perfumes mi rostro con el olor de tu cabello
y que el poema de tu sonrisa endulce mi hipoglucémica libreta
una vez más

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el marino y la mar

abril 12, 2010 at 2:57 am (vehemencia)

Dulce e inocente la mirada del mar,

gracioso es su vaivén, su compás.

Alimenta, enaltece a aquellos que

con romanticismo la llaman la mar,

marinos, poetas del salitre que

su vida en ésta encuentran

y ésta tantas noches los arranca de su hogar,

les traicciona,

les golpea con la espuma de sus olas,

a veces incluso casi les hace llorar

y pescador de mis amores

te prometo que tu sirena

por siempre vivirá

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Recuerdos

marzo 24, 2010 at 5:44 pm (vehemencia)

Fuíste la inspiración,
la musa,
la imaginación.
Fuíste tanto y sin embargo
en tan poco te has quedado.
endulzaste mi vida,
coloreaste el cielo
y dibujaste estrellas
en el techo de mi habitación,
y mirate, solo queda el recuerdo,
solo tu cara bonita.
Las llamas de tu mirada se apagaron,
se difuminaron;
el magnetismo de tu cuerpo
a otros ha atrapado,
y sin embargo miranos
nos hemos desimantado.
Te quise tanto y tan fácil se apagó,
te soñé tanto y tan fácil se olvidó.
El fuego de tu pecho, latente,
hiriente,
que en otros días tanto me llamó,
hoy ha cambiado de forma, de color.
Solo queda en el recuerdo
de mi vieja y triste habitación.

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Inmoralidad de la moral

marzo 12, 2010 at 4:41 pm (vehemencia)

Hoy es el primer día de mi vida, de mi yo consciente. Soy un chaval recien nacido y me encuentro pletórico frente al nuevo mundo que se abre ante mí. No he vivido aun ni un dia como persona viviente, fuera del rebaño de la ineptitud y ya he unificado o, como diría Nietzsche, destruído los dos mundos para asentarme en uno real. Pero no he hecho esto como consecuencia del descubrimiento de mi inteligencia, sino como premisa para la vida de mi yo consciente.
He aparcado las más altas perversiones, despojando la religión y la inmoralidad de la moral de m i pecho hambriento de conocimiento. Y aquí me veo, atrapado por lo que popularmente se llama bajeza de la sociedad. Es atrayente, sórdido, perverso e irrefutablemente hipnotizante.
La depravación, la oscuridad, todo aquello que el ser humano despoja, yo lo mamaré de los senos de la vida. Me ahogaré del saber de los malditos y creceré como el don nadie más importante de mi vida. Portaré el estandarte de la sabiduría que el mundo actual se esfuerza por arrojar a la basura.
A penas he abierto los ojos y ya soy el tuerto que reina en un mundo de ciegos que se empeñan en no ver.
Es indignante, trágico me atrevería a afirmar, observar un mundo que se comunica con el único fin de inculturizarse, de verse así mismos como el bufón más famoso de la corte. Es frustrante ver como el coraje ha muerto y como las palabras que las ovejas utilizan para dialogar no son más que cuentos esputados con el único fin de de la aprobación social, del tributo de un hombro en el que llorar.
El ser humano ha muerto por el proceso de humanización al que se ha sometido a los sentimientos, a la verdad.
Este proceso no es otro que el de refutación de la persona, de los instintos. Se ha cometido un crimen. El más terrible de la historia conocible. Se ha asesinado la esencia de la persona. Se ha mutilado lo innato, lo espontáneo y se ha educado al ser humano como se educa a un animal.
Se le ha enseñado como vestirse, como comportarse, como expresarse y como  sentirse ante situaciones externas. Se ha mecanizado la vida. Se ha destruido el corazón y sustituido por un computador. Se ha esclavizado el alma, el yo.
Y ante tales acontecimientos aquí me veo, dispuesto a golpear con la rabia animal que mi condición de recién nacido, de puro y no domesticado me confiere. Quiero romper la cadena que convierte a la persona en una oveja. Y he de apuñalar para ello el nocivo despropósito de la vida basada en la racionalidad del engaño.

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Ventana a los sueños

febrero 28, 2010 at 3:02 pm (vehemencia)

Era un martes lluvioso de otoño, el mes… ni lo recuerdo, pero como olvidar el resto de sucesos. Yo estaba sentado justo delante de la ventana, observaba como cada gota de lluvia caía mojando a los pobres o, quién sabe, felices transeuntes. Me encantaba eso, poder arroparme con mi viejo edredón, una botella de refresco a un lado y palomitas sobre mis piernas, mirando a través del cristal como si se tratase de una película en la que cada persona encarna un papel importante durante unos instantes, hasta perderse entre los edificios, en la distancia.

Mis ojos se posaban en cada uno de ellos, sentía multitud de cosas por esa gente, analizaba sus gestos, su forma de andar, los odiaba, los quería. Pero como en toda película hay un papel principal y, en este caso, se lo llevo una mujer. Su piel era pálida y sus gestos delicados. Tenía el pelo moreno y ojos grises, aunque por sus facciones podía adivinarse que el tono real de su iris era el de la miel, iba perfecto con su rostro, puro y bien tallado. Parecía perdida, miraba hacia un lado y hacia otro como si no supiese hacia donde debía andar. Yo, por mi parte, dejé volar la imaginación y pensé en la multitud de ideas que podrían transcurrir en estos instantes por su cabeza, el cúmulo de emociones. Pensaba en que esa chica buscaba una razón para vivir, un por qué a su desesperanza, esa que escondía tras su perenne sonrisa, imaginé que me buscaba y quería creer que alzaría su rostro y me miraría, sabría que yo era para ella, y que pronto el timbre que hay sobre el dintel me sobresaltaría con tan grata noticia. Yo abriría la puerta y nuestros ojos se encontrarían para quedar fijos, mirandose hacia el infinito, conociendose, y entonces, sin razón aparente nos abrazariamos, anudandonos tan fuerte que ni la misma muerte podría separarnos. Los labios estarían húmedos debido a los besos, las mejillas sonrojadas y nuestros corazones en carne viva. En ese momento el día se escondería y lo encontraríamos entre las sabanas, minuto tras minuto para toda la vida.

Abrí los ojos y vislumbré la realidad. Como todo guión improvisado el final dista de las espectativas. Bien es cierto que la chica alzó su rostro, me miró e incluso sonrió, como si supiese que estaba ahí y era para ella. Sus mejillas se sonrojaron y su risa me enamoró a pesar de que su sonido no atravesase el cristal de mi ventana. Diría que fue un momento onírico, irrepetible. Pero entonces la sonrisa de la joven se apago, se marchitó y su cabeza se dirigió hacia el suelo. Yo quería saltar, ir a por ella. Pero la joven estaba escribiendo su propio guión, y quien sabe, quizás nuestras miradas no se cruzarán más, pero nunca olvidaré como la vi desaparecer entre la bruma, con sus andares de ninfa mientras mi corazón se consumía por una perdida que no comprendía.

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Ave Fénix

febrero 25, 2010 at 3:27 pm (vehemencia)

Ahí estaba ella, con sus mejillas de tono pálido como el mármol. Parecían haber sido perfiladas por el cincel de un escultor griego por sus perfectas medidas. La luna se posaba sobre su rostro y todos los haces de luz que provenían de ésta giraban en torno a la muchacha, creaban un aura de perfección y sofisticación inusitado. La noche era realmente bella y ella la alumbraba con su delicadeza, caminaba firmemente entre las alamedas y a su paso la vegetación parecía florecer. Yo la miraba ilusionado desde la lejanía, quería tocarla, abrazarla pero su cuerpo estaba demasiado lejos, a universos de distancia de mi, y sin embargo cada noche podía ver esos labios que me invitaban a soñar y esos ojos melosos que alumbraban las ilusiones de mi vida. Era enternecedor, mágico. Un ángel terrenal que me enamoraba día tras día y noche tras noche, ni siquiera necesitaba una palabra.

El tiempo pasaba y ella cada vez estaba más lejos de mi pero cuando llegaba la noche nada importaba, la volvía a ver. Solo tenía que cerrar mis párpados e imaginar con un mundo feliz y ahí estaba, quemando mis entrañas, desintegrando mi alma y haciéndome aullar de dolor cuando mi onírica historia se apagaba. Ahí estaba ella, siempre. Antes y después, la mujer que hizo de mi amor un ave fénix, que cuando arde hasta consumirse renace como un polluelo exaltado por volver a admirar a quien le hizo rejuvenecer.

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San Valentín

febrero 15, 2010 at 2:52 am (vehemencia)

Yo, como buen romántico odio San Valentín. Es el día que le pusieron precio al amor.

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Paseando bajo la nieve

febrero 12, 2010 at 6:56 pm (vehemencia)

El día estaba nublado y los copos de nieve caían lentamente sobre los frondosos árboles que poblaban la ciudad. Aún el blanco no había cuajado pero no tardaría en hacerlo. Yo, aún medio dormido a horas tan impropias, me asomé por el pequeño ventanal del salón y contemplé el día, temeroso de que la magia que emanaba de esos granos pálidos se detuviese. Fue entonces cuando me enfunde mi jersey oscuro, colocado sobre mi pecular pijama, el cual constaba de un vaquero de tono azul y una de mis muchas camisetas blancas. Agarré mi sombrero y el resto de prendas que abrigarían mi cuerpo ante el viento invernal. Una vez listo, encendí mi pequeño reproductor, sonaba Piazzolla, todo funcionaba. Atravesé la puerta e instantes después la nieve se posaba sobre mí, el frío cortaba mi cara y la pequeña pero espesa barba que despuntaba se agradecía de sobremanera.
La duda me invadía, ¿Abrir o no abrir mi paraguas? La razón habría dicho si de forma irrefutable, pero en mi no mora la razón, no almenos cuando de mis emociones hablamos.
Poco a poco mi oscura ropa fue tornándose bicolor. Justo del tono en que observaríamos un arcoíris en una hermosa y romántica película de los años veinte. El resto de transeuntes me observaban con rostro crítico, sus ojos de incomprensión parecían escrutarme, quizás debido a mi sombrero de ganster o quizás por llevar el paraguas cerrado ante semejante nevada. Fuera como fuese he de admitir que dicha acción me llenaba de confort. Y es que todos en algún momento de nuestras vidas hemos deseado sentir como estos entes cristalinos se hacen agua ante el contacto de nuestra piel, por obra de nuestro calor corporal; y eso es lo que yo hacía, simplemente reclamar mis deseos de juventud y sentirme participe de esa magia que la madurez parece extinguir.
Mis pasos continuaron haciendo camino entre la alfombra que poco a poco empezaba a formarse, sintiéndome feliz, un modelo de juventud inmortal cuando a mis agonizantes veintidós años ya empezaban a nacer las primeras arrugas.
Pasan los minutos y me encuentro ante la puerta de mi cafetería favorita, la tarde no hace más que mejorar, me siento en una pequeña mesa con dos sillas, una para mí y otra para mis atuendos. El café no tarda en llegar, lo saboreo y cojo mi teléfono dispuesto a contar mi especial vivencia a una persona con la que disfruto relatando, pero a veces es mejor no contar, dejarlo pasar, y que siga fluyendo la magia de forma singular. Guardo mi teléfono y comienzo a escribir, a dejar que la magia ya mencionada fluya en forma de tinta. Solo yo y mi libreta.

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sin embargo

febrero 12, 2010 at 3:38 am (vehemencia)

Ven, quiero oírte cantar
mirarte, ver más allá.
Quiero anudarme en tu pelo
probar tu aliento
y sin embargo
no te veo
no te encuentro
no te hallo
no te siento
y sin embargo
yo te amo
yo te extraño
yo te sueño
yo te canto
y sin embargo, mira
ya no te quiero
ya no te anhelo
ya no te espero
ya no te vivo
y sin embargo
aún por ti muero

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hipocresía

febrero 8, 2010 at 5:26 am (vehemencia)

Todo seguía como siempre y, por supuesto, seguirá. Sociedad decadente de inteligencia vaga. Indiscutible incultura que rodea el mundillo modernista que pulula por doquier. Arte contemporaneo surgido en la taza del baño y literatura inspirada en la letrina del más mugriento bar. Así podría considerarse el panorama actual, así podría definir la vida que acontece en el gran siglo XXI. Aquel que cambiará el mundo y cuya tecnología asentará las bases de la estupidez del futuro. Esa es por supuesto mi visión, quizás equivocada o quizás certera; y yo, por supuesto, apostaría más por la veracidad de mis palabras.

La esencia del ser humano se ha perdido, se ha idiotizado. La globalización, las leyes y, en definitiva, la sociedad, erradican la propiedad del yo para embarcarnos en un paseo plural. Y es que ya hay suficiente comparsa en una taza de café, claro está que la buena compañía es siempre placentera pero que ofrecer a tan distinguidos personajes que revolotean en torno a nuestra vida sino hay conciencia de lo que somos, de lo que aspiramos, de lo que ansiamos con pasión. Se ha cometido el más terrible asesinato, se han matado las emociones y se están suplantando con el engaño y la mentira. Convenciendo a los niños de que pensar en uno mismo es un acto de egolatría y de narcisismo, y esto por supuesto es una actitud impropia de un pequeño caballero. Oh dios, cuanta hipocresía, criamos señoritos con lujos y atropeyos hasta el punto de invertir en una bolsa de disgustos, abonando la semilla de una enfermedad que a posteriori nos comerá, nos devorará.

En cualquier otra época el ser poco inteligente, menos dotado por así decirlo se suplía con trabajo duro y, sin embargo, ahora en nuestro actual pasaje de frivolidad ¿qué encontramos? Tan solo dinero gastado en fracaso escolar y padres que llevan a sus hijos a psicólogos comprando un parte médico que sin duda hará de ellos víctimas de la sociedad. Esto último no está muy lejos de la realidad, pero si mal enfocado por supuesto. ¿Por qué son víctimas? Porque nuestro mundo, ese que nosotros consideramos el top uno, miente a todo lo que puede levantar el brazo hacia su débil estructura basada en la arquitectura del engaño, haciendo ver a estos jóvenes “genios” que su problema radica en que son demasiado buenos, les engañan a sabiendas de lo que hacen, creando una sensación de equivalencia entre todo el mundo que camina por estas tierras. Sin embargo la respuesta a este asesinato de la moral no es otro que alzarse y decir la verdad. Los pocos dotados deben ser conscientes de su problema y levantarse por su propio esfuerzo.

Pero que bonito es hablar desde el sillón mientras se agarra con la diestra la vara de mando. Se pierden las raíces y por ende se pierde todo lo que somos. El amor por uno mismo es necesario, debe ser el motor que guíe nuestra vida porque de no ser así ¿quién sino va a amarnos? Gracias al amor propio uno llega a interesarse por su historia, por su memoria, haciendo que el pasado se una al presente. Dando la validez a la sabiduría ancestral que los ancianos merecen y que actualmente son enjaulados en edificios para no ser vistos jamás. ¿Pero quien se va a interesar por esto? La vida es genial y recordar el pasado nos va a robar tiempo dirán algunos. ¿Tiempo de qué? de mirarnos los genitales quizás, o tal vez nos robe el tiempo que podríamos gastar de forma placentera en mirar con cara de subnormales como la gente se insulta en televisión. ¡Qué emocionante! Fabricamos basura que se amontona mientras el saber que nos enriquecería como personas lo aparcamos en contenedores de humanos. Nos llenamos la boca hablando sobre una sociedad civilizada, y sin embargo yo no puedo ver más que la gran capacidad que tenemos para incivilizarnos a nosotros y a todos los pueblos que hemos dominado. Destruyendo sus mundos y asestando duros golpes a culturas que jamás conoceremos. Todos estos a los que nosotros llamamos salvajes o gentuza que vive en ‘guettos’ responde hacia su sangre, y hacia las raíces de forma mucho más memorable, dando a los años el lugar que corresponde.

Por todo esto no puedo más que decir que el gran siglo XXI no nos lleva hacia las estrellas sino más bien al sótano que hay en la trastienda

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