Ven
Ven aquí para no marchar nunca,
para quedarte petrificada
con los ojos fijos mirando al infinito.
Ven aquí, jamás volveré a repetirlo,
no volveré a plegarme entre tus caricias
más que esta noche de crepúsculo infinito.
Solo esta noche de sombras encorvadas.
Y me iré. Te dejaré para siempre,
no te salvaré,
ni te voy a arrojar a un cementerio blanco,
blanco como tus mejillas que
hace tiempo despojaron el rojo de tu pecho.
No te ayudaré a vivir una vez más,
ven y abraza la oscuridad pausada
que nace de este pecho tuyo y mio
que heriste con tus ojos,
con esa faca de felina
mientras tu sombra se proyectaba
en el vacío ilimitado,
y el sonido seco de tus pisadas
se perdían en el tiempo incalculable.
Ven, ven solo esta noche morena
y di adiós como tú y yo siempre hemos pintado
en los charcos del cielo.
Ven, y no te salves,
no te mates ni me mates,
tampoco escondas las jeringas
con las que haces lunares en tus venas de cristal.
Ven y quedate helada con el plañir de mis dedos
y cuando la luna se esconda muerete para siempre,
con tus ojos de niña mirando fijo el agujero de mi cuerpo.