Misantropía interna

febrero 2, 2010 at 7:12 am (vehemencia)

Egolatría. Así podría definirse mi vida, o al menos, la que todos conocen. Narcisismo, siempre tan buen compañero de viaje de la vanidad que me rodea. Hoy no se ven estrellas, las gotas de lluvia que suelen acompañar mis relatos no pegan sobre mi ventana. Ni siquiera la luna está llena, ni radiante y las persianas están echadas. La poesía esta en un segundo lugar y mi juicio está alterado. Siempre me ha dado miedo volar, sin embargo hoy, quizás influido por una película de guión sencillo, me apetece coger un avión. Tengo necesidad de cometer algo arriesgado, impulsivo. Quizás sacar un par de billetes al lugar menos conocido de la tierra. Bonito y melancólico, donde el populacho y el gentío no reviente la paz y la armonía, en resumen, que no lo jodan. Busco tranquilidad, refugiarme de mi, de lo que me rodea, de mi coraza, de mi modo de vida que me asquea, que me explota y que hace que en ciertos momentos sienta repulsión.

Quiero dejar a un lado toda esta basura que me condiciona, quiero olvidarme de todos, quemar mis fotos y borrar mi pasado. Quiero crearme un presente, sin futuro. No quiero un mañana, ni siquiera un luego. Quiero volar, flotar. Tener la oportunidad de mirarme a mi mismo, de escrutarme. Quiero saber la verdad sobre mi yo. ¿Quién soy? Podría decir mi nombre, mi sexo, mi edad. Podría contar mis anécdotas, mis historias. Podría alumbrar con mi inteligencia, incluso podría relatar lo que un día quise ser, pero de seguro que no podría responder a la pregunta, ni siquiera podría afirmar quien quiero ser actualmente.

La ironía se ríe de mi. ¿Tocar, tal vez escribir? Sé cuanto me gusta de mi, conozco milímetro a milímetro todo lo que fluye por mi cabeza, pero las mascaras pesan. Y es que cuando te acostumbras a un postizo que ensalza tu figura, que te hace dominador, amo y señor cuesta mirarse al espejo sin él y reconocerte. Mis amigos dudo que me conozcan y eso hace preguntarme, ¿realmente quién soy? Porque claro, si lo que nos rodea es lo que nos enriquece como personas, ¿Querrá decir esto que me veo enriquecido por la mentira? O aún peor, ¿Querrá decir que no soy persona? Quizás sea un hipócrita que se lamenta en unas lineas de un procesador de textos mientras brinda sonrisas por doquier, esperando que un alma caritativa me arranque esta doble personalidad. Que me convenza de que no soy un sucio embustero que sonríe entre dientes y, condescendiente, realiza payasadas para que los que son sus “amigos” rían y lloren.

Y esa es otra, siempre he sido un payaso, un bufón. La vida es un circo y yo escogí no el papel de domador, ni el de trapecista, sino el de ese tipo que se pinta la cara y se coloca una peluca. Todo esto es metafórico, obviamente. Ya que ha excepción de unos cuantos años en los que me disfracé para carnavales, nunca me he vestido como tal. Pero bueno, a riesgo de equivocarme, confiaré en la inteligencia del lector, me permitiré ironizar, y en definitiva decir las cosas como me salga de los huevos. Pero bueno, volviendo a lo que comentaba sobre esas pinturas imaginarías que han cubierto mi cara. Las que en tan pocos episodios han recibido la visita de esas toallitas tan femeninas de desmaquillaje. El sarcasmo forma parte de mi vida, y puedo asegurar que lo manejo como nadie. Soy un bufón inteligente, de chistes estúpidos, a veces simples y otros complejos. Sonrisas sinceras, o al menos eso creo. Pero claro, ya no sé que creer. Después de haber sido marginado, y rechazado socialmente acabé por terminar siendo un hijo de puta que hace reír a las personas, y he aquí una muestra de mi sarcasmo, incluso para mi, ¡Viva yo! Gritaría al viento de estar conversando con un colega o con un desconocido. Y volvemos a lo de antes, mi egolatría, la cual se ha convertido en mi método de no vivir. Toda la parafernalia de mi vida cotidiana en cuanto a gente que no me conoce ronda a ésta. La que embriaga la máscara que llevo y la cual goza de más minutos al aire libre que mi rostro. Quizás sea por esto por lo que mi cara siempre se ha visto tan pálida.

Hasta la polla podría decirse que estoy de mí, de mi pesar, de ese aire cargado que se respira a mi alrededor, y no es que el aire de esta bohemia -¿guiño, guiño?- ciudad emane un estupor que tira para atrás sino que el hecho de no saber ni que cojones quiero hacer me esta obstruyendo los pulmones. En definitiva, que quiero comprarme esos puñeteros billetes e invitar a cualquiera que pueda quitarme la nariz y llenarme la copa con buen whisky. Eso si, como sirva el whisky de la forma inapropiada ya puede tener experiencia en clamar por su vida.

Y bueno, podría seguir. Ahora arremetiendo contra esta sociedad que tanto me asquea, pero sería quitarme material para otras futuras páginas y si algo he aprendido en la carrera es a optimizar.

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3 comentarios

  1. Alberto said,

    Suerte con febrero tío, todos estamos un poquito igual 😦

  2. Pilar said,

    “Refugiarme de mí”.

    Cuántas veces.

    Me gustan tus dos caras (o siete). Aunque ganas sin maquillaje.

    Saludos!

  3. María said,

    La misantropía interna en esta bohemia -¿guiño, guiño?- ciudad, te sienta bien 😉

    Besos, besos.
    (sigo queriendo mis migas…xD)

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