hipocresía

febrero 8, 2010 at 5:26 am (vehemencia)

Todo seguía como siempre y, por supuesto, seguirá. Sociedad decadente de inteligencia vaga. Indiscutible incultura que rodea el mundillo modernista que pulula por doquier. Arte contemporaneo surgido en la taza del baño y literatura inspirada en la letrina del más mugriento bar. Así podría considerarse el panorama actual, así podría definir la vida que acontece en el gran siglo XXI. Aquel que cambiará el mundo y cuya tecnología asentará las bases de la estupidez del futuro. Esa es por supuesto mi visión, quizás equivocada o quizás certera; y yo, por supuesto, apostaría más por la veracidad de mis palabras.

La esencia del ser humano se ha perdido, se ha idiotizado. La globalización, las leyes y, en definitiva, la sociedad, erradican la propiedad del yo para embarcarnos en un paseo plural. Y es que ya hay suficiente comparsa en una taza de café, claro está que la buena compañía es siempre placentera pero que ofrecer a tan distinguidos personajes que revolotean en torno a nuestra vida sino hay conciencia de lo que somos, de lo que aspiramos, de lo que ansiamos con pasión. Se ha cometido el más terrible asesinato, se han matado las emociones y se están suplantando con el engaño y la mentira. Convenciendo a los niños de que pensar en uno mismo es un acto de egolatría y de narcisismo, y esto por supuesto es una actitud impropia de un pequeño caballero. Oh dios, cuanta hipocresía, criamos señoritos con lujos y atropeyos hasta el punto de invertir en una bolsa de disgustos, abonando la semilla de una enfermedad que a posteriori nos comerá, nos devorará.

En cualquier otra época el ser poco inteligente, menos dotado por así decirlo se suplía con trabajo duro y, sin embargo, ahora en nuestro actual pasaje de frivolidad ¿qué encontramos? Tan solo dinero gastado en fracaso escolar y padres que llevan a sus hijos a psicólogos comprando un parte médico que sin duda hará de ellos víctimas de la sociedad. Esto último no está muy lejos de la realidad, pero si mal enfocado por supuesto. ¿Por qué son víctimas? Porque nuestro mundo, ese que nosotros consideramos el top uno, miente a todo lo que puede levantar el brazo hacia su débil estructura basada en la arquitectura del engaño, haciendo ver a estos jóvenes “genios” que su problema radica en que son demasiado buenos, les engañan a sabiendas de lo que hacen, creando una sensación de equivalencia entre todo el mundo que camina por estas tierras. Sin embargo la respuesta a este asesinato de la moral no es otro que alzarse y decir la verdad. Los pocos dotados deben ser conscientes de su problema y levantarse por su propio esfuerzo.

Pero que bonito es hablar desde el sillón mientras se agarra con la diestra la vara de mando. Se pierden las raíces y por ende se pierde todo lo que somos. El amor por uno mismo es necesario, debe ser el motor que guíe nuestra vida porque de no ser así ¿quién sino va a amarnos? Gracias al amor propio uno llega a interesarse por su historia, por su memoria, haciendo que el pasado se una al presente. Dando la validez a la sabiduría ancestral que los ancianos merecen y que actualmente son enjaulados en edificios para no ser vistos jamás. ¿Pero quien se va a interesar por esto? La vida es genial y recordar el pasado nos va a robar tiempo dirán algunos. ¿Tiempo de qué? de mirarnos los genitales quizás, o tal vez nos robe el tiempo que podríamos gastar de forma placentera en mirar con cara de subnormales como la gente se insulta en televisión. ¡Qué emocionante! Fabricamos basura que se amontona mientras el saber que nos enriquecería como personas lo aparcamos en contenedores de humanos. Nos llenamos la boca hablando sobre una sociedad civilizada, y sin embargo yo no puedo ver más que la gran capacidad que tenemos para incivilizarnos a nosotros y a todos los pueblos que hemos dominado. Destruyendo sus mundos y asestando duros golpes a culturas que jamás conoceremos. Todos estos a los que nosotros llamamos salvajes o gentuza que vive en ‘guettos’ responde hacia su sangre, y hacia las raíces de forma mucho más memorable, dando a los años el lugar que corresponde.

Por todo esto no puedo más que decir que el gran siglo XXI no nos lleva hacia las estrellas sino más bien al sótano que hay en la trastienda

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